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SAGRADAS IMÁGENES

María Santísima de los Dolores

ICONOGRAFÍA    Virgen Dolorosa

AUTOR

Anónimo. Círculo de los Asensio de la Cerca

FECHA DE REALIZACIÓN

Siglo XVIII

MATERIALES

Pino de Flandes

DIMENSIONES

1.68 m. alto

virgen

Cuatro lágrimas vítreas se deslizan por unas amorosas mejillas y describen en su trayectoria suaves meandros brotados de ojos tratados desde su interior en tonos marrones.

La talla de la Virgen de los Dolores, más allá de sus incuestionables valores devocionales, contiene unas apreciaciones históricas y artísticas que responden a una serie de causalidades y casualidades, que el devenir del tiempo ha ido descubriendo para dar rigor y sentido a todos los valores que nuestra venerada talla posee. Adjudicada en los últimos años a la saga escultórica de los Asensio de la Cerda, en concreto a Vicente Asensio de la Cerda, hijo de Pedro Asensio y sobrino de Antonio, en torno a los años 1775-1783, tiene una historia tan agitada (hasta dos veces fue salvada de la furia iconoclasta contra los católicos) como interesante, que ponen de relieve ante todo la continuidad de un icono devocional que es parte consustancial de la historia de nuestra ciudad.

Mucho ha sido el tiempo en el que la falta de datos, de documentación, y de investigación, han mantenido en un anonimato dieciochesco a la Virgen de los Dolores, que con atribuciones de diferente índole -muchas de ellas de carácter extravagante- han tenido en un cierto abandono la imprescindible memoria de nuestra dolorosa. Vamos a intentar situar la historia de la Virgen de los Dolores en la justa medida que la historia documentada y el rigor científico exige, para de este modo, dar carta de naturaleza también a las investigaciones y a los estudios que tanto el catedrático y profesor doctor, Juan Antonio Sánchez López como el profesor doctor, Sergio Ramírez González han desarrollado en los últimos años en torno a este asunto para dar con ellos luz a un largo periodo de oscuridad.

Es gracias a estos trabajos publicados lo que hoy nos permite referenciar con mayor exactitud el origen de la Virgen de los Dolores, que más allá de su clara filiación dieciochesca con una impronta y unos rasgos comunes a una serie de creaciones -especialmente dolorosas- que evidenciaban responder, no sólo a un mismo origen, sino a una forma de expresión muy característica que hoy, y a pesar del tiempo transcurrido y las desgracias y desastres sobrevenidos, siguen teniendo una importante presencia, tanto en la ciudad y en la provincia de Málaga como fuera de ella, registramos en el amplio territorio andaluz todo un catálogo de creaciones que responden a este ideal y a esta concepción de dolorosa procesional.

A pesar de todo lo investigado e historiado, la propia historia de la Virgen de los Dolores sigue conteniendo con su presencia una serie de interrogantes que serán difíciles de desentrañar, a ellos se enfrenta la historiografía en este presente siglo XXI. Pero para narrar la historia de nuestra dolorosa comenzaremos por el principio, por aquellas primeras referencias que pueden llevarnos a través del tiempo al origen de tan genial creación devocional y para ello no podemos sustraer a la historia, a nuestra historia, un primer texto que ya citaba el doctor Sánchez López en su obra ‘El alma de la madera’, donde referenció unos párrafos de las Actas Capitulares del cabildo de la Catedral de Málaga, en concreto se trata de un relato extraído del libro 54 (1782-1784) donde en el folio 114r y con fecha de 27 de enero de 1783 en el que -tradicionalmente- encontramos la primera mención sobre nuestra dolorosa.

En la reunión del Cabildo Catedralicio del día 27 de enero de 1783, se daba lectura a un memorial remitido por Juan de Hoyos, donde manifestaba ‘haver dexado a esta sta. Yglª su tío dn. Josef Zarzo, veedor que fue de ella, un Niño de Pasión y una Sra. de Dolores de medio cuerpo en sus correspondientes urnas, lo que hacía presente al Cavdo. por si acordaba recivir las dhas. Ymágenes, determinase en poder de quien las devía poner. Y el cavdo. determinó recivirlas, haciéndole saver al dn. Juan Hoyos las entregase al Sacristán de la sacristía mayor de esta Sta. Yglesia’

Desde esta primitiva referencia y hasta nuestro presente pocas novedades y actualizaciones tuvo un asunto tan importante para nuestra historia particular, y para la de la Semana Santa de Málaga y el arte religioso andaluz en general, hasta que en el año 2005 se publica en el Boletín de Arte de la Universidad de 

Málaga un esclarecedor artículo, firmado por los profesores doctores Sánchez López y Ramírez González, en el que bajo el título: Proyección social, endogamia y continuismo artístico. Los Asensio de la Cerda, una familia de escultores en la Málaga Ilustrada, lograron esclarecer y poner de relieve, a partir de un pequeño libro sobre la Semana Santa de Setenil de las Bodegas, donde se insertaba la transcripción literal de un antiguo manuscrito perteneciente a la Hermandad de la Vera-Cruz, el hecho de que podamos hablar con propiedad de la familia Asensio de la Cerda como una de las sagas claves dentro del ambiente escultórico de la Málaga dieciochesca.

Para definir artísticamente a nuestra dolorosa, volvemos a recurrir al profesor Sánchez López y a su extraordinaria obra, ‘El alma de la madera’, en la que dispone un detallado catálogo razonado sobre la historia de la imaginería en Málaga durante cinco siglos, y del que ‘arrancamos’ esta descripción sobre la Virgen de los Dolores a partir de la historia antes narrada sobre el depósito del busto de una dolorosa en la Catedral de Málaga:

Tradicionalmente, ha venido identificándose el citado busto de Dolorosa con la imagen titular de una Hermandad de los Dolores que ya estaba radicada en la iglesia de San Pedro, en 1789. De ser así, esta fundación debió implicar la reconversión y educación’ de la talla de busto en una imagen procesional, por lo cual nos hallaríamos frente a uno de los primeros ejemplos que nos informan, fehacientemente, de la gran importancia que este género de transformaciones ha tenido en el plano de la iconografía procesional malacitana, al menos durante las tres últimas centurias.

Todo el sentido emocional y conmovedor demandado por la iconografía del tema se condensa en la leve inclinación de la cabeza y el gesto apesadumbrado que abateel ánimo del personaje. El artista ha creado un rostro de mediana edad. La nariz afilada y la rotundidad de la mandíbula inferior aportan al conjunto una contundencia volumétrica que contrasta con el modelado, mucho más suave, de las mejillas y los párpados. Los efectos dramáticos dependen en buena parte del tratamiento plástico reservado a la línea bucal. Con las comisuras hacia abajo y del labio inferior sacudido por un leve espasmo, destaca especialmente, el grosor dado a las cejas, cuyos extremos se levantan siguiendo el perfil de las correspondientes arcadas. El empleo de una policromía oscura, a base de pinceladas sumamente gruesas contribuye a destacar, sobremanera los contornos pictóricos de esta última zona facial, con lo cual se da respuesta visual al alargamiento que experimenta la mitad del rostro como consecuencia de su incipiente prognatismo.

La Virgen de los Dolores, talla dispuesta para ser una Virgen ‘de vestir’ desde el mismo s. XVIII ha tenido durante estos dos siglos y medio de existencia una serie de intervenciones restauradoras que, sin modificar su aspecto y presencia original en ningún caso, han logrado mantener los valores originales de una talla histórica por su valor artístico, y especialmente por su importancia devocional para nuestra ciudad. Tal vez sean sus manos, primitivamente juntas (que se conservan) y desde los años veinte separadas, el cambio más notable de la morfología y apariencia de la iconografía de nuestra dolorosa. Estas primeras manos extendidas, que permanecen en el anonimato de su autoría, fueron con el tiempo repuestas por otras de Pedro Moreira (1942) y finalmente sustituidas por las definitivas realizadas por Antonio Eslava Rubio (1978) quien también realizó una acertada restauración en la que suprimió barnices y repintes añadidos y dotó de nueva encarnadura al cuello, al tiempo que dotó de suaves veladuras a la policromía original de la talla. Finalmente, en el año 2007, la talla de la Virgen de los Dolores fue intervenida a partir de trabajos de conservación-restauración, por parte del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico (I.A.P.H.), que consiguió, desde la más científica pulcritud y  profesionalidad que le avalan, recuperar todos los valores originales que posee y retiene la Virgen de los Dolores para de este modo devolvernos la impronta de la imagen en el s. XVIII, base y soporte histórico y devocional de la hoy Archicofradía de la Expiración.